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La energía y el cambio climático mundial
Tragedia de los elementos comunes
Cuando hacer lo que es mejor para ti no es necesariamente lo mejor para ti
SISTEMAS VIVIENTES |
Imagina que estás en mitad del campo, con aldeas rodeadas por praderas de uso público para que los pastores lleven a pastar a sus animales. Estas tierras “comunes” pueden utilizarlas quienes así lo deseen; no existe ningún tipo de restricción.
Imagina que la tierra común de pastoreo alberga la mayor cantidad de ovejas que su extensión permite. Existe suficiente alimento para las ovejas que ya hay, ni una más. Una oveja más significaría menos comida para cada una.
Sin embargo, para los pastores supone una ventaja aumentar el tamaño de sus rebaños. Más ovejas significa más lana y más ingresos. Pero esto tiene, además, una desventaja: habrá un poco menos de comida para cada una de sus ovejas. Sin embargo, esta desventaja no parece tener importancia ya que es algo que afecta a todo el conjunto de ovejas, incluidas las de otros pastores, por lo que, desde el punto de vista de cada pastor, las ganancias son grandes y las pérdidas pequeñas.
La tragedia se produce cuando todos los pastores actúan de esta forma y las pequeñas pérdidas se suman y provocan un desastre para todo el mundo.
Tragedia del atasco
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Fotografía cortesía de U.S. Census Bureau (inglés). |
Un ejemplo moderno de la “tragedia de los comunes” son los atascos en las grandes ciudades. Se abusa en la utilización de un bien público y su valor disminuye para todos. Las personas que intentan llegar rápidamente a su trabajo utilizan la autopistas porque es la ruta más veloz. En un principio, cada persona adicional en la autopista no disminuye la velocidad del tráfico porque el sistema dispone de suficiente "capacidad" para admitirlos. Sin embargo, llega un nivel crítico de usuarios en el que cada conductor adicional hace disminuir la velocidad media. En un momento dado, hay tantos conductores que el tráfico marcha a la velocidad de un caracol. Cada persona que intentó minimizar el tiempo de conducción ha contribuido a asegurar una pérdida de tiempo al volante para todos.
Malfuncionamiento en las pesquerías
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Fotografía cortesía de NOAA. |
Observamos la misma pauta en las pesquerías de todo el mundo. Los océanos no son propiedad de los países ni de pescadores individuales y son recurso común para la obtención de pescado. El aumento de barcos pesqueros año tras año tiene como resultado un aumento equivalente en el total de pesca. Eso no suena mal, ¿verdad? Sin embargo, este aumento en la pesca total reduce la capacidad de los peces de restituir su número.
Llega un momento en que la pesca total individual y colectiva sufre una disminución importante, lo cual aumenta a su vez la presión económica de los pescadores, que se ven obligados a intentar capturar más pescado. Pero una mayor captura de pescado erosiona aún más la capacidad de restitución de la población de peces. ¿Qué harías si fueras capitán de un pesquero y tuvieras que enfrentarte a estos problemas? Puedes averiguarlo con el Juego de pesca.
Desechos en las vías fluviales
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¿Puedes ganarte bien la vida como pescador preservando las zonas comunes de pesca para los demás? Inténtalo con el juego de pesca. |
En algunos casos, el problema no consiste en extraer demasiado de un recurso común, sino de arrojar demasiado a dicho recurso. Cuando se trata de poblaciones pequeñas no pasa nada por verter desechos a los ríos; las vías fluviales se limpian solas con el tiempo. Mientras la carga de desechos no sea grande, el río sabrá mantenerse limpio. Sin embargo, si la carga de desechos es grande, el río se contamina. La gente ya no puede beber de sus aguas y puede que ni siquiera sea seguro bañarse o ir en barca en él.
Los Gases de Invernadero
Así es como funciona la atmósfera. El dióxido de carbono (CO2) entra y sale constantemente de la atmósfera en el ciclo del carbono. Los océanos y bosques absorben CO2. Debido a la industrialización, las fábricas, los coches y las plantas de energía liberan más CO2 del que la atmósfera puede absorber. Los recursos comunes se están saturando.
Imagina la atmósfera de nuestro planeta como una bañera gigantesca. Piensa en la concentración de gases de invernadero como el agua que llena esa bañera: el agua cae en la bañera de la misma forma que el CO2 entra en la atmósfera. Y de la misma forma que el agua se cuela por el desagüe, el CO2 se elimina de la atmósfera. Si la velocidad del flujo del grifo es igual a la velocidad del agua que sale por el desagüe, el nivel de agua permanecerá igual. Pero si abres más el grifo, el nivel aumenta y la bañera puede desbordarse. En este momento nuestra bañera atmosférica se está llenando el doble de rápido que la velocidad de eliminación.
¿Qué podemos hacer?
El término Tragedia de los comunes fue acuñado por Garrett Hardin en un artículo que escribió en 1968 en el que aseguraba que los problemas que pertenecen a esta categoría no tienen soluciones técnicas. Lo que necesitan son cambios en el comportamiento y las costumbres de los seres humanos.
En el caso del cambio climático, las soluciones son técnicas y de modificación del comportamiento. Podemos hacer un uso más eficiente de la energía, aumentar la utilización de fuentes de energía alternativas que no produzcan CO2 y capturar y almacenar el CO2 que sí producimos. ¿Dónde está el problema entonces?
El problema reside en que las personas que actúan según intereses propios experimentan beneficios inmediatos a raíz de estas acciones, mientras que las pérdidas que el impacto del calentamiento global conlleva no se experimentan de forma inmediata. De esta forma, puedo conducir un coche enorme porque me siento más cómodo en él; la incomodidad que experimentaré cuando el nivel del mar aumente o se intensifiquen las tormentas puede tardar décadas en llegar. Y además, no veo la conexión inmediata entre mis acciones y esas consecuencias. De hecho, si yo fuera la única persona que conduce un coche grande no habría consecuencias negativas. Al igual que el pastor que añade una oveja a su rebaño, la ventaja es clara mientras que la pérdida se ve difusa y lejana. Pero cuando muchos pastores actúan de igual manera, todos acaban sufriendo las consecuencias.
La solución adecuada consiste en que la gente tome decisiones que logren alterar el comportamiento de todos, incluidos ellos mismos. Una forma de llevar a cabo esto es tomar iniciativas que respeten el medio ambiente y que tengan resultados positivos inmediatos. Por ejemplo, en el campo gasífero Sleipner en el Mar del Norte, los impuestos del gobierno noruego hacen que sea económicamente más rentable capturar y almacenar CO2 que liberarlo en la atmósfera. El mecanismo es muy simple: hay que pagar un impuesto por el CO2 que se libera. Evidentemente, cuesta dinero capturar y almacenar CO2 pero, en esta situación, es mucho más caro no hacerlo.




